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Una vida de obediencia

Josué encabezó durante siete días la marcha que hicieron los israelitas alrededor de la ciudad enemiga de Jericó. Después, tras el grito del ejército, los muros de la ciudad se desmoronaron y sus residentes quedaron a merced de los israelitas.

Muchos de nosotros conservamos esta historia en nuestra mente como algo increíble que hizo el Señor hace mucho tiempo, pero Él es el mismo Dios que nos guía hoy. El estudio de esta historia nos enseña que debemos tener una vida de firme obediencia al Señor.

Josué escuchó la orden de Dios: «Rodeareis pues, la ciudad…» (Josué 6.3). Para obedecer, debemos oír lo que Dios nos está diciendo que hagamos. Y para reconocer claramente Su voz, debemos primero andar delante de Él de una manera santa, confesar nuestro pecado, orar y meditar en Su Palabra y obedecerla.  Josué obedeció: «Dijo al pueblo: Pasad y rodead la ciudad» (Josué 6.7). El líder hebreo enfrentaba tres dificultades. 1) Pudo haber cuestionado la orden de Dios, ya que marchar alrededor de la ciudad no parecía una estrategia práctica para conquistar a un pueblo poderoso. 2) Pudo haber sentido la presión de dar explicaciones a sus hombres. 3) Pudo haber sentido que fracasaría. Pero no lo hizo.

Josué oyó la voz de Dios y obedeció sin vacilar. ¿El resultado? «El muro se derrumbó… y tomaron la ciudad» (Josué 6.20). Dios honró la obediencia de Josué.

¿Estás dispuesto a hacer lo que Dios te dice, sin importarte cual sea tu situación o tus sentimientos? Ruega a Dios que Él te permita escuchar Su voz claramente y te de la fortaleza para obedecerlo firmemente.

Josué 6:3-5 Nueva Versión Internacional (NVI)

Tú y tus soldados marcharán una vez alrededor de la ciudad; así lo harán durante seis días. Siete sacerdotes llevarán trompetas hechas de cuernos de carneros, y marcharán frente al arca. El séptimo día ustedes marcharán siete veces alrededor de la ciudad, mientras los sacerdotes tocan las trompetas. Cuando todos escuchen el toque de guerra, el pueblo deberá gritar a voz en cuello. Entonces los muros de la ciudad se derrumbarán, y cada uno entrará sin impedimento».

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