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El desánimo

Hay ocasiones en las que no prestamos atención a las actitudes que asumimos o a los sentimientos que tenemos, pues creemos que son inofensivos. De hecho, llegamos a pensar que lo que estamos sintiendo o haciendo es completamente normal. Sin embargo, si analizamos con profundidad todo esto, descubriremos que estamos corriendo un grave peligro al vivir de esta manera. Un buen ejemplo de esto es el desánimo que a veces sentimos.

Muchas personas no saben diferenciar entre el desánimo y la desilusión, pues creen que es un mismo sentimiento. Desilusión es la respuesta emocional que experimentamos cuando no ocurre lo que tanto anhelábamos. Mientras que desánimo es lo que sentimos como consecuencia de estar sumergidos en la desilusión por tanto tiempo.

No siempre vamos a obtener la respuesta que esperábamos, así que en ocasiones vamos a sufrir la desilusión. Sin embargo, podemos escoger vivir libres del desánimo cuando decidimos que esta desilusión no va a destruir nuestra autoestima. Esto es precisamente lo que sucede cuando permitimos que el desánimo inunde nuestro ser; perdemos la confianza que sentíamos en nosotros mismos y perdemos toda motivación para continuar adelante. No mantenemos el deseo de completar el plan y el propósito que Dios ha trazado para cada uno de sus hijos.

¿Puede usted apreciar lo trascendente que es esto para los seguidores de Cristo? La Biblia nos exhorta a ser fuertes, valientes y a vivir constantemente confiando en nuestro Salvador. Si el desánimo ha venido a formar parte de nuestra vida, tenemos que pedirle a Dios que arranque este sentimiento de nuestro interior y que nos ayude a vivir confiando en su maravilloso poder.

Josué 1:7 Nueva Versión Internacional (NVI)

Solo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella para nada; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas.

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