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Confiese

¿Cómo habla usted al Señor acerca de sus pecados? ¿Habla de ellos en términos generales o usa oraciones suaves o un lenguaje elegante que en cierta forma le hace sentir mejor? ¿Se porta a la defensiva y a veces trata de racionalizar, dar explicaciones o justificar sus pecados? ¿Cuál es la actitud apropiada para confesar sus pecados?

Primero, debemos estar de acuerdo con Dios sobre nuestros pensamientos y acciones. Su Palabra no es materia de discusión, si hemos hecho algo que va en contra de Su palabra, es pecado.

Segundo, debemos asumir la responsabilidad por lo que hemos dicho, hecho o pensado.

Al confesar su pecado sea transparente. Hebreos 4.13 establece que todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta. Endulzar nuestro pecado es como echar perfume sobre una fosa séptica, el mal olor es peor.

No generalice el pecado, sea específico y nómbrelo. El Espíritu Santo no reprende de pecado en términos generales, así que no deberíamos hablar de ellos en términos poco específicos. No endose la culpa a otros al decir “nosotros hemos pecado”. Acepte su propia culpa.

No espere para “hacer un arreglo con Dios”. Confiese su pecado tan pronto como el Espíritu Santo le traiga esa convicción. La muerte expiatoria de Cristo pagó el precio de cada pecado. Todo lo que necesita es pedir Su perdón. ¡Decídase hoy!

Caminemos en la luz

Este es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero, si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.

Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. 10 Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros.

Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de[a] nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino por los de todo el mundo.

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