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Llamado con un propósito divino

La historia de Ester está llena de romance, aventura y peligro. Su vida típica judía se transformó cuando se convirtió en la reina de Persia. Vemos actuando claramente la mano soberana de Dios cuando la llamó a tener un rol importante en su plan para los judíos. Pero ¿puede usted imaginar lo preocupada, confundida e insegura que debió sentirse Ester a medida que se revelaban los detalles?

Nosotros podemos sentir lo mismo al vivir cada día sin saber el futuro. A veces es más fácil ver el llamamiento de Dios a otra persona, en vez del nuestro. Los planes y propósitos de Él se están llevando de manera perfecta, pero desde una perspectiva terrenal los hechos pueden parecer caóticos y desconcertantes.

La historia de Ester es un incentivo para confiar en la voluntad de Dios y en los propósitos que Él tiene para nuestras vidas. Todo creyente en Cristo tiene un llamamiento del Señor. Él no nos salva para que después nos defendamos solos, sino que guía todo el tiempo a cada uno de sus hijos en la tarea que ha dispuesto para sus vidas.

El llamamiento de Dios incluye no solo lo que hacemos. Cada experiencia en la vida es una herramienta que el Señor usa para moldearnos y prepararnos para que lleguemos a ser las personas que Él quiere que seamos en cuanto a carácter y conducta.

Comience a buscar la mano de Dios en su vida. Él está desarrollando su plan, a veces de forma suave y silenciosa y otras veces con interrupciones ruidosas. Pero Él está siempre allí, dirigiendo y moviéndose. Nunca piense que usted es insignificante a sus ojos. Usted es tan apreciado, que el Dios todopoderoso ha creado una tarea especial para usted.

Ester 2:1-8 Nueva Versión Internacional (NVI)

Elección de Ester como reina

Algún tiempo después, ya aplacada su furia, el rey Asuero se acordó de Vasti y de lo que había hecho, y de lo que se había decretado contra ella. Entonces los ayudantes personales del rey hicieron esta propuesta: «Que se busquen jóvenes vírgenes y hermosas para el rey. Que nombre el rey para cada provincia de su reino delegados que reúnan a todas esas jóvenes hermosas en el harén de la ciudadela de Susa. Que sean puestas bajo el cuidado de Jegay, el eunuco encargado de las mujeres del rey, y que se les dé un tratamiento de belleza. Y que reine en lugar de Vasti la joven que más le guste al rey». Esta propuesta le agradó al rey, y ordenó que así se hiciera.

En la ciudadela de Susa vivía un judío de la tribu de Benjamín, llamado Mardoqueo hijo de Yaír, hijo de Simí, hijo de Quis, uno de los capturados en Jerusalén y llevados al exilio cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, se llevó cautivo a Jeconías,[a] rey de Judá. Mardoqueo tenía una prima llamada Jadasá. Esta joven, conocida también como Ester, a quien había criado porque era huérfana de padre y madre, tenía una figura atractiva y era muy hermosa. Al morir sus padres, Mardoqueo la adoptó como su hija.

Cuando se proclamaron el edicto y la orden del rey, muchas jóvenes fueron reunidas en la ciudadela de Susa y puestas al cuidado de Jegay. Ester también fue llevada al palacio del rey y confiada a Jegay, quien estaba a cargo del harén.

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